Tener Fe en Dios

Tener Fe en Dios – Jesús enseñaba con humildad y con amor a todos y cada uno de los pueblos a los que visitaba, y por lo regular todas y cada una de las personas lo recibían como un sabio y como un hombre de Dios, no obstante había un pueblo que no creía en Él. Este pueblo era Nazaret, su pueblo, donde Jesús había crecido.
Tener Fe en Dios
Cuando Jesús les enseñaba, se preguntaban entre sí: ¿que no es este el hijo del carpintero, el hijo de María y de José? ¿de qué forma posiblemente una persona que vive entre nosotros tenga esta sabiduría? y así le daban poquísimo valor a sus enseñanzas.
De ahí que Jesús mismo mentó que “nadie es profeta en su tierra”. El pueblo de Nazaret cerró su corazón a las enseñanzas de Jesús y por consiguiente cerró las puertas de la fe, por esta causa Jesús no pudo efectuar milagros entre su gente.
Los milagros de Jesús se efectuaban en las personas que creían en Él, las que le abrían su corazón y se entregaban confiadamente. La auténtica Fe no demanda prueba ya antes de pensar, por el hecho de que si por una prueba creemos, después necesitaremos y demandaremos cada vez más y más pruebas.

Tener Fe en Dios

Reflexión: ¿qué tanto se semeja nuestra actitud a la actitud del pueblo de Nazaret? ¿va a ser quizá que en determinadas circunstancias de nuestra vida asimismo le cerramos nuestro corazón a Dios y preferimos pensar en lo que el planeta nos afirma, y tomamos las salidas cómodas y veloces?
Abrir el corazón a Dios
Lo opuesto de la fe es el miedo y la duda, estos 2 aspectos de forma continua impiden que se pueda manifestar el amor de Dios en nuestras vidas. Las personas en las que Jesús efectuaba milagros eran las que confiaban en Él, así, asimismo podemos admitir a Dios en nuestra vida y entregarle nuestra confianza, a fin de que el pueda obrar en nosotros.
Oración: Señor Jesús, reconozco que Tú eres realmente el Hijo de Dios y que puedes obrar verdaderos milagros en mí, en mi familia y en mi vida, día tras día deseo entregarte mi confianza y dejarte que me conduzcas con tu amor. En la sofocación te solicito que seas Tú quien le de paz a mi psique y a mi corazón. En la alegría déjame siempre y en todo momento ponerte en el primer sitio de mis agradecimientos. Para ti sea para siempre, el honor, la gloria y el poder, per saecula saeculorum, Amén.
Tener Fe en Dios – Mi tarea: estar en incesante comunicación con Dios mediante la oración, dialogar con Dios y solicitar la dirección del Espíritu Beato.

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