Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.

Esta es una bella Bienaventuranza, tema que declara felices a los considerados pobres de espíritu, por el hecho de que a ellos pertenecerá el enorme Reino de los cielos. Es esencial resaltar que estamos en un tiempo donde tantas personas padecen a diario a raíz de la crisis económica, social y política. Si bien suene paradójico poner la pobreza a la vera de la dicha, mas conforme bienaventuranza la pobreza de espíritu es una bendición y se refiere a la sencillez y humildad que debe tener el humano.Para entender mucho mejor lo que significa ser “pobres de espíritu”. Cuando Jesús el hijo de Dios se hizo hombre, escogió caminar en un camino de pobreza y degradación. Siendo un poderoso Rey con una condición divina, se desposeyó de todo para adquirir una condición de esclavo, en resumen se hizo semejante a los hombres.Jesús se desposee de su gloria demostrándonos con esa acción la elección de pobreza: siendo rico, se hizo pobre para de esa forma enriquecernos a nosotros con su pobreza (Cor ocho con nueve). Fue allá donde comienzo el misterio que contemplamos en el belén, cuando el Hijo de Dios nace en un pesebre y después fue crucificado en una cruz, donde la degradación llegaría a su final.San Francisco de Agarráis comprendió realmente bien el secreto que guarda esta Bienaventuranza de los llamados pobres de espíritu. En verdad, cuando Jesús se dirigió al leproso y después en el Crucifijo, reconoció en ese instante la grandiosidad de Dios y su condición de humildad.Por eso en la oración, “el Poverello” pasaba muchas horas preguntando a Dios: ¿Quién eres ? Y ¿Quién soy ? Puesto que se desposeyó de una vida acomodada para desposarse con la “Pobreza”, siendo un enorme imitador de Jesús y de esta manera continuar el Evangelio. Desde ese instante Francisco decidió vivir la imitación de Cristo y el amor a los pobres.