Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios

Esta poderosa bienaventuranza hace referencia a que reinen en nuestro corazón las bienaventuranzas que le preceden. Cuando tu ánima ha sido limpia de toda culpa y pecado, intenta en lo que puedas a que no nazcan disensiones por tu causa. Empieza por sembrar paz en ti y así vas a poder ofrecer paz a los que te rodean.Jesús dijo: “Bienaventurados los pacíficos” (Lucas, cinco con cincuenta y ocho).Así como hay algunos que no se alegran, tampoco hay el que no desee tener paz. Aquellos que como dé sitio desean la guerra y no procuran otra cosa que encontrarla, pensando que la gloriosa paz se gana batallando. Mas esa supuesta paz que piensan no es la paz que Dios nos ofrece.Todos estos sentimientos empieza por dentro: a los pacíficos se les llaman los bienaventurados, por el hecho de que primeramente tienen paz en su corazón y después intentan enseñarla a los hermanos en enfrentamiento. ¿De qué aprovecha de que otros esté en paz si en tu ánima sobreviven las guerras?Se consideran pacíficos en sí aquéllos fieles que; teniendo en paz toda y cada uno de ellos de los movimientos de su ánima, consiguen tener dominadas las concupiscencias de la carne. Continuando distanciados al pecado, la patraña, batalla y buscando querer a su prójimo tal y como Dios lo ama a él.En ellos, cada cosa está ordenada, el hombre puede dominar a el resto aspiraciones rebeldes, aparte de los animales por el hecho de que tenemos (inteligencia y razón). Esta es la poderosa paz que se da en la tierra a todos y cada uno de los hombres que cuente con una buena voluntad. Es esa paz que nada ni absolutamente nadie nos puede quitar, esa que solo es dada por el Autor del Cosmos, para los que creen y confían en él y en sus promesas tenga vida abudantemente.